5/19/2007

El tirano Salazar


Me levante en ese momento, observando el cielo, con la cabeza hecha trizas y la mirada escalonada, un movimiento lento e hipnotizador, había salido de clases a sentarme entre nubes de humo verde y sonrisas gritonas… interrumpió una voz de un frito entre el circulo mayéutico e irrisible, esa voz pronunció palabras aturdidoras en segundo plano, la cual hacia eco entre mis oídos, repetidas veces, una tras otra, palabras que en el momento perdían sentido y semejaba a un dialecto que no conocía. En ese extranjero lenguaje que me señalaba, entendía solo lo mas inentendible. Que ritual tan incendiario, no era ninguna práctica dadaísta, consistía en quemar las neuronas a cambio de una hilarante sensación y simpleza inevitable

En un calabozo aparezco, con escaleras que parecieran una espiral, al igual que mis trastornadas pupilas, debido a una larga bocanada de marihuana, con la mirada fija y taladrada entre escalones y tabiques mohosos de aquel recinto, mis compañeros totalmente fritos e idiotizados por tales suspiros inexalables, risibles comentarios satíricos y al tan idolatrado cinismo que nos desnuda y fusila frente a un grupo de desconocidos.

Y el desafió espontáneo tendría que llegar en algún momento, interrumpieron dentro del circulo, cortándolo como un susto en una borrachera, la pachequez poco ortogonal se vio apaciguada y conforme el estremecimiento se vio apagada, unas sombras lánguidas y aguijoneadas entre las antorchas y el moho, entre cada escalón, mayor la silueta de un tirano, nuestro tirano, Salazar… escoltado por cuatro robustas moles, de las cuales solo su invencibilidad es comparable con incuestionable lealtad y glamorosa estupidez, estas moles vestidas de un verde agrio y seco, unas ropas que parecieran de militares insaciados de sangre, y el tirano Salazar, vestía con una gabardina beige, una boina atravesada y un traje de igual color que sus esbirros. Se acercaron presurosos para cogernos por sorpresa, el abrumador escenario que envolvió al circulo, extinguida la hilarante fogata de regocijo. Al joven Didu, lo resucitaron de unos macanazos a quemarropa sobre su pecho, escupiendo en cuclillas, y sangrando su frente y contraídos sus pulmones fue azotado por una mole asesina, todos corrieron despavoridos como si se estuviera cayendo a pedazos el lugar, como si el incendio se volviera gigantesco, amenazándonos a todos de quemarnos ahora nosotros. Macanazos a diestra y siniestra, dientes volando y saliva brotando por los aires. Me levante tranquilamente apoyándome con mis manos sobre el suelo, me di la vuelta y camine lentamente hacia la salida, evadiendo la mirada del bullicio histérico e iracundo, al primer paso lo acompaño un grito que se desvanecía entre los pasillos, el eco que taladraba cada golpe y cada golpe a un eco consecuente, el segundo paso todo pareció silenciarse o oscurecerse solo quería salir de ahí, al tercer paso ví como el tirano paso junto a mi y entre miradas de reojo cuando solo se fijaba en los pasos, alcance a sentir su dedo señalándome.

De las cuatro moles, el mas esbelto y ligero es Sirius, una mirada pesada y amenazante que atravesaba paredes, agilísimo el muy cabrón, negro, con aspecto de brasileño y no como un negro gringo o africano, pero bastante estúpido como para ser un fiel servidor de Salazar, incapaz de tomar alguna decisión por si mismo, no tengo idea de que se le haya convencido, como para unirse a tal séquito de antipachecos, él, Sirius, fue a quien se dirigió Salazar tras señalarme, dije a mi mismo “hasta aquí llega la travesía”, de una patada o un macanazo bien dado en la nuca, me va a tumbar este chaval, solo queda arriesgarse a la osadía con un paso redoblado que rebase sus expectativas de imponerse ante mi, le doy la cara a Sirius, lo enfrento con la mirada, inmediatamente deja de mirarme y comienza a tirar patadas al aire en forma de capoeira, muchas piruetas por todos lados, cortaba el aire y un ruido ensordecedor me amarra, pero no me dejo vencer por tal coreografía, crea remolinos y espirales con sus piernas, tratándome de hipnotizar, el tonto cree que voy a caer ante su juego de encorvarme como una vil cochinilla y dejarme golpear agachando la mirada hacia el suelo, lo veo fijamente, esperando el primer golpe, no pienso regresárselo, seria como querer matar a una mosca a golpes, las consecuencias serian peores a como ya estaban, espero el primer golpe, el remolino de piernas cada vez se acerca mas, siento el sudor por dentro, la piel se me aguijonea, se acerca mas y mas, y se detiene, parece que no soporta ver la mirada de su víctima, me doy la vuelta y me retiro lentamente, dos pasos, tres, cuatro, siento que ya me salí con la mía.

Al dar el quinto paso, una mano se me posa en el hombro, un gran peso que casi desmorona mi temple y me hace caer, es la mano de Sirius, deteniéndome en contra de mi voluntad, me gira y me ve a la cara… sabe que no tengo miedo a sus golpes.

Pregunto yo:

-Por que haces esto?- Sirius contesta, sin quitarme la mirada de encima, esa mirada espesa y pesada que arrodilla a sus adversarios.

-Soy el redentor de esta tierra, tus acciones viles serán castigadas con la violencia de mi mano de hierro para redimir tu culpa y encaminarte por los caminos correctos.

Yo contesto a esto. y a ti? Quien te nombro el juez de mis actos…?- Una colilla de cigarro cae a un lado mío, las chispas revoloteantes bailan a mi rededor, escucho la voz de Salazar decir… Sirius, aléjate, yo me encargare de este revoltoso que neciamente niega su redención. El moro se aleja poco a poco, con pasos tímidos y subordinados, las palabras de su jefe lo encogieron totalmente.

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