
La abuela observa a todos sin parpadear, lleva años de muerta, sigue a todos con la mirada, parece que tiene la mirada adecuada para la situación, una mirada enjuiciadora, viendo a aquel filisteo e inocuo ser con la cola entre las patas y tapándose el rostro, parece que la abuela al observarlo le dice que es un imbécil. A Virginia le pide que soporte el maltrato, que esquive la mayor cantidad de golpes que pueda y aquellos que no pueda, que los reciba con orgullo y sin demostrar dolor, eso le da fuerza a Virginia. El minotauro entubado con plancha giratoria, es observado por el retrato de la abuela, la odia tanto así como odia a la musa, es algo de la sangre, odiada desde su niñez por el simple hecho de ser la primogénita, odiada por su madre, quien ahora odia a su hija, el minotauro nunca ha sido minotauro, en un principio fue un becerro tierno e inofensivo, tuvo la mala suerte de vivir con otro minotauro que la transformó en lo que es ahora, para suerte de Virginia, a comparación de su madre, ella se había enfrentado a un minotauro armado con dos machetes, el desafío de Virginia de repente no suena tan amenazador. Rompe el retrato dibujado con carbón, pasa Virginia debajo de la lluvia de vidrio donde se ve roto en miles de trozos el linaje de una familia que representan todas las buenas costumbres. El abuelo por otro lado los observa desde el otro lado del cuarto, seguro, en un lugar alto donde ninguna plancha pueda alcanzarlo, los observa con una sonrisa y un pescado colgando, es el claro ejemplo de optimista ideal, sonríe con el hombre perro, en vez de burlarse de él, intenta calmar a la madre furiosa con la misma sonrisa, y a virginia, aunque no alcanza a verle, porque esta del otro lado de la pared, cuando se aparezca frente a él, aunque sea corriendo, solo le sonreirá. Lamentablemente, la foto es bastante vieja y un poco decolorada, además de que la habían colgado desde muy alto nadie alcanzaba a ver su sonrisa, ahora que la abuela ya no esta, solo espera a que alguien lo voltee a ver.
Como es de esperarse, el minotauro alcanza a la musa, asesta un golpe en el costado de su rostro, la cual la hace caer, Virginia siente que ha sido baleada y se encuentra ahora nadando en un mar dulce, intenta respirar debajo del agua y solo se llena la boca de un sabor exquisito, despierta y se da cuenta que ha bebido su sangre desde mucho tiempo, estuvo desmayada y ahora encuentra al hombre perro, ya con forma humana, un hombre flaco y chaparro, cabello corto y unas cuantas arrugas en su cuello, este se encuentra sobándole el cachete inflamado con un trapo húmedo. Aparece el minotauro pero ahora en su forma humana, todavía con tubos en el cabello y una bata larga. Esperarían que ahora ya tranquila solo fuera una palabra la que pronunciara, perdón, pero esa palabra nunca la ha dicho, se cuenta que la abuela la única vez que dijo eso fue antes de morir, y se lo había dicho a su mascota a quien le había pisado la cola, no es de esperarse que ahora esta mujer diga algo semejante si es que no esta en su lecho de muerte y haya lastimado accidentalmente al escuálido ese que trae a un lado y solo accidentalmente, porque si en verdad tuvo intenciones de lastimarlo, nunca pediría disculpas. Virginia alzó la mirada, le costaba trabajo, el esfuerzo la hacia sentir un estirón de la piel que desgarraba mas la herida haciéndola sumergirse nuevamente en el mar dulce.

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